miércoles, 13 de julio de 2016

120 años del cómic

La aparición del primer cómic resulta difícil situarla en una fecha concreta, pero lo que está comprobado es que el 25 de octubre de 1896 se produce un hecho fundamental en la evolución de del relato gráfico que recogían los diarios norteamericanos dominados por la triada Hearts, Bennet y Pulitzer.



El personaje The Yellow Kid, del dibujante Richard Felton Outcault, no se ceñía a una imagen sin continuidas, sino que los dominicales de la prensa diaria estadounidense se sumaron a la tendencia de publicar varias viñetas con textos. Durante años, en la actualidad sigue en menor medida, los niños fueron protagonistas destacadas de aquellos primeros dibujos. A The Yellow Kid siguieron el inmejorable Little Nemo in Slumberland y The Katzenjammer Kids, que propiciaron las principales novedades del cómic, que también aprovechaba el color para ofrecer variedad y riqueza artística que ofrecían determinados dibujantes.


El auge de la denominada prensa amarilla por su fácil acceso a las clases trabajadoras y el aumento de las tiradas de los periódicos dio otra vuelta de tuerca al fenómeno de la historieta. A partir de 1905 comenzarían las series diarias con continuidad en los periódicos los días laborables. 

El cómic va más allá del dato preciso sobre un autor determinado, el personaje concreto, la publicación que recogía el fruto del creador sujeto a los intereses del grupo empresarial que publicaba la obra, o de las imposiciones del poder fáctico. Las hemerotecas están llenas de ejemplos de cómo las historietas fueron y siguen siendo una alternativa a la sumisión y un soplo de aire fresco ante tanta cultura de masas dirigida.

El verdadero valor del cómic está en que con el transcurso de los años obtuvo un lenguaje propio, el cual sin lugar a dudas se nutre de otros ámbitos, en teoría más académicos: la pintura y la narrativa; pero también, dibujantes y guionistas no dudaron en acercarse y aprovecharse los mejor de otros medios de expresión menos considerados, en principio, como la caricatura y el cine.

La tira diaria de tono satírico se fue apagando ante el empuje de las publicaciones destinadas al público juvenil deseoso de aventuras. De los comienzos quedan gratos recuerdos de personajes de ficción como Krazy Kat, Little Orphan, Popeye o Blondie, y de sus creadores, pero el ambiente de entreguerras, dominado por la crisis, hizo soñar a los lectores con otros mundos, en  el que lo cotidiano era suprimido por la acción en selvas perdidas, lugares exóticos, el espacio o el pretérito idealizado. 



Tarzán, Terry and The Pirates, Flash Gordon, Superman y El Príncipe Valiente fueron algunos de los nombres que llenaron el tiempo de ocio de jóvenes y adultos de diferentes generaciones.

La respuesta europea a la invasión americana fue tímida, salvo el personaje belga Tintín. Hasta la década de 1960, cuando la fórmula de los superhéroes americanos empieza a perder supremacía en la cultura de masas. La monotonía creativa y tendencia a alargar las aventuras de los personajes hasta el aburrimiento motivó la búsqueda de lenguajes diferentes que, hasta entrada de las publicaciones japonesas,  mantuvieron en auge al cómic de autor, la historieta como arte. Hugo Pratt, Enki Bilal, Caza, Moebius, Liberatore, Annie Goetzinger, Manara y algunos más, que, junto a revistas como Pilote o Metal Hurlant, aportaron contenidos innovadores desde los años 60 a los 80 del siglo pasado. De está tendencia independiente surgirían dibujantes y guionistas que dan prestigio al cómic en el tercer milenio, entre otros de una larga lista,  Alan Moore, Freederick Peeters, Neil Gaiman, Jason, Garth Ennis o Thomas Ott.



El cómic español, por su parte, funcionó desde principios del siglo XX muy marcado por la tendencia estadounidense, salvo alguna excepción como el TBO, que dio nombre al género. Pero será a partir de los 60, y más adelante con la caída del franquismo, cuando adquiera un importante protagonismo que le lleve a ser reconocido a nivel internacional. Antonio Hernández Palacios, Ibáñez, Mora, Esteban Maroto, Fernando Fernández, Sió, Carlos Giménez, Gallardo y Mediavilla, Max, Nazario, Martí y Miguelanxo Prado son algunos creadores que, como otros desde los pioneros a los jóvenes valores de siglo XXI, hacen de la historieta una fórmula con muchas `posibilidades de continuidad, a pesar de sus 120 años, entre las preferencias de la gente.


lunes, 11 de julio de 2016